Kiri ☂ (
taotrooper) wrote2009-06-29 11:47 pm
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[CCS] Dolce vita (Spanish)
Fandom: Card Captor Sakura
Pareja: Touya/Yukito
Tema: #11 - Caramelo
Género: Fluff, Dios mío, fluff
Rating: PG por groserías y beso
Longitud: +1100
Touya arrastraba lentamente el carrito por el pasillo, mientras Yukito iba tomando lo anotado en la lista de los estantes. Arroz, pollo, pescado, zanahoria, salsa de soya. Esquivaron a una señora y a su infante que los miraba desde dentro de su carrito. Yukito saludó al niño con la mano, y prosiguió su cacería, que cada vez se asemejaba menos a su búsqueda original. Bollos de pan, donuts, galletas de chispas de chocolate, mezcla para flan. No tenía remedio, pensó Touya.
Llegaron a la caja; colas de vehículos y cestas les aguardaban. Ambos suspiraron y se unieron a la que parecía avanzar más deprisa. Pasaron los minutos en relativo silencio. Touya evitó pensar en la vez que trabajó de medio tiempo en ese mismo supermercado, lo cual fue extremadamente aburrido. Para distraer su mente, miró la selección que su amigo había hecho.
Tomó una de entre tres bolsas de plástico idénticas. Ciertamente se le hacían familiares.
-Yuki.
-¿Sí?
-Éstos son los caramelos que le lanzas al monstruo cada mañana, ¿no?
-¡Ah, sí! -sonrió Yukito-. Son de esa marca, la que tiene el pollito en el logotipo. Aunque una vez compré de la Piffle Princess, pero son un poco más caros y saben más artificiales.
-Pero si todos los caramelos tienen sabores artificiales, tonto.
-Lo sé, pero los Piffle saben peor. Los baratos son mejores. ¿Recuerdas lo bien que sabe el ramen de microondas? Y es mucho más sabroso que el del restaurante de la esquina.
Touya estaba de acuerdo, pero sentía que se estaban saliendo del tema.
-El día después de que te llevé en bicicleta por primera vez empezaste a cargar con estos caramelos. ¿Es porque notaste que mi hermana viene de vez de cuando conmigo?
-La verdad es que no fue así la primera vez- admitió-. Llevaba unos cuantos caramelitos en el bolsillo ese día, y Sakura-chan parece ser el tipo de persona que le gusta el dulce. Pensé que era un detalle bonito para con ella, no sé. Y se veía tan feliz que seguí comprando caramelos para lanzárselos.
-Bueno, admito que es muy dulce...
-Pues sí, son dulces. Me gustan más los dulzones que los ácidos.
-No, que digo que es muy dulce de tu parte.
-Oh. Gracias, To-ya.
-Pero creo que -Touya interrumpió su sonrisa- eso en parte pudo ser dañino para ella.
-¿Lo dices por las caries?
-No, no lo digo por las caries.
Yukito bajó la cabeza. Sí, por supuesto que entendía a lo que se refería. La pequeña Sakura siempre se apresuraba a encontrarse con ellos aunque no pudiese comer bien o le faltase el aire por la carrera. Y no era por el caramelo gratis, pero eso contribuía mucho a que la experiencia fuese tan agradable para ella. El caramelo la hacía sentirse especial. Todo eso conllevaba a que sintiese más atracción hacia él, y lo postergaba todo cada vez más.
Y con todo, Yukito seguía llevándole caramelos cada mañana, sin falta. Él también se sentía especial lanzando a la niña esa esfera de alegría hecha de azúcar. Era como si tuviese una hermanita menor. Bueno, técnicamente él tenía un hermano que gustoso aceptaría algo que picar, pero él no lo sabía en ese entonces. "Al demonio con Cerberus", le dijo Yue. "Ya está muy gordo de por sí".
El punto es, concluyó Yukito, que regalar caramelos y obtener una sonrisa a cambio lo hacía feliz. Era una tontería, mas tenía un efecto devastador. Era una costumbre, además.
Touya le dio un codazo. Ya habían llegado a la caja.
***
Una vez acabaron de pagar, ambos se dirigieron a casa de Yukito con sendas bolsas en brazos. Éste aún seguía pensando en lo mismo.
-Me pregunto si no debería de dejar de darle caramelos -le dijo a Touya-. Ya no es una niñita.
-Sí lo es -aseguró Touya con mirada feroz. Yukito lo ignoró.
-Es decir, no es una bebé. Está a punto de terminar primaria. Incluso consiguió a su persona especial. Es de mal gusto; debería ser Li-kun el que le regale cosas, no yo.
-Yuki, no vuelvas a mencionar ese maldito nombre en mi presencia, me haces el favor -dijo Touya con el rostro contorsionado de ira. Yukito rió suavemente de los celos de su amigo.
-Mejor es que haga otra cosa con los caramelos -decidió-. ¿Y si le mando uno al día a Cerberus?
-¿Al peluche? Dios, no. Está muy gordo y se le subirá a la cabeza.
"Estoy de acuerdo con él".
"Son muy crueles, Yue".
-Cómetelos tú y punto -dijo Touya mientras entraban a la casa-. No seas tonto; a ti te gustan, al fin y al cabo.
Yukito no respondió. Dejaron los paquetes de la compra en el mesón de la cocina. Touya observó cómo el chico tomaba una bolsa de caramelos y la abría, pensativo. Consideró que Yukito estaba decidiendo qué hacer con respecto a esa costumbre, y que era mejor dejarlo solo con sus pensamientos. De todos modos, tenían que hacer la tarea de literatura para el día siguiente.
-Bueno, voy a ir al estudio para preparar las cosas, ¿de acuerdo? Te veo allá cuando termines.
Se dio la vuelta. No había dado ni cinco pasos cuando Yukito lo llamó con voz insegura.
-To-ya, espera.
-¿Qué pasa?
Apenas se dio la vuelta, vio que el brazo de Yukito dibujó una pequeña curva en el aire. Touya levantó los brazos y atrapó el pequeño proyectil cubierto de papel rosa con sus manos. Se le quedó mirando por unos segundos, y luego alzó la mirada.
Yukito le sonrió, incómodo.
-Es que ahora me di cuenta que nunca te ofrecí de estos caramelos. Y no sé... No creo que te hagan daño a ti, si es que te gustan... ¿Los quieres?
Las mejillas de Touya se sonrosaron levemente. Siempre era así con Yuki. Para explicar las cosas o recibir información, parecía ser necesario incluir metáforas con comida. Esta vez, iba muy al pie de la letra. No obstante, él comprendía que era su forma de querer decirle todos los días que lo consideraba importante.
Desenvolvió el caramelo y se lo metió en la boca. Superó sus expectativas.
-Están buenos.
Yukito lanzó una carcajada de alivio.
-Me alegro que te gusten. ¿Uno al día está bien?
Touya avanzó hacia él, hasta estar frente a frente. Se inclinó hasta unir sus labios con los de él. Yukito pudo sentir el caramelo a medio comer reposando en la lengua de su amado. Los besos de Touya siempre eran néctar para su alma, pero éste era, literalmente, el más dulce que le había dado hasta entonces.
-Sí, pero no me los tires -le susurró Touya cuando se separaron, su mano acariciando su nuca-. Prefiero recibirlos directamente de tu mano. ¿Entendido?
-Entendido, entendido -respondió Yukito, tocando la frente de él con la suya.
Definitivamente seguiría comprando caramelos.
Pareja: Touya/Yukito
Tema: #11 - Caramelo
Género: Fluff, Dios mío, fluff
Rating: PG por groserías y beso
Longitud: +1100
Touya arrastraba lentamente el carrito por el pasillo, mientras Yukito iba tomando lo anotado en la lista de los estantes. Arroz, pollo, pescado, zanahoria, salsa de soya. Esquivaron a una señora y a su infante que los miraba desde dentro de su carrito. Yukito saludó al niño con la mano, y prosiguió su cacería, que cada vez se asemejaba menos a su búsqueda original. Bollos de pan, donuts, galletas de chispas de chocolate, mezcla para flan. No tenía remedio, pensó Touya.
Llegaron a la caja; colas de vehículos y cestas les aguardaban. Ambos suspiraron y se unieron a la que parecía avanzar más deprisa. Pasaron los minutos en relativo silencio. Touya evitó pensar en la vez que trabajó de medio tiempo en ese mismo supermercado, lo cual fue extremadamente aburrido. Para distraer su mente, miró la selección que su amigo había hecho.
Tomó una de entre tres bolsas de plástico idénticas. Ciertamente se le hacían familiares.
-Yuki.
-¿Sí?
-Éstos son los caramelos que le lanzas al monstruo cada mañana, ¿no?
-¡Ah, sí! -sonrió Yukito-. Son de esa marca, la que tiene el pollito en el logotipo. Aunque una vez compré de la Piffle Princess, pero son un poco más caros y saben más artificiales.
-Pero si todos los caramelos tienen sabores artificiales, tonto.
-Lo sé, pero los Piffle saben peor. Los baratos son mejores. ¿Recuerdas lo bien que sabe el ramen de microondas? Y es mucho más sabroso que el del restaurante de la esquina.
Touya estaba de acuerdo, pero sentía que se estaban saliendo del tema.
-El día después de que te llevé en bicicleta por primera vez empezaste a cargar con estos caramelos. ¿Es porque notaste que mi hermana viene de vez de cuando conmigo?
-La verdad es que no fue así la primera vez- admitió-. Llevaba unos cuantos caramelitos en el bolsillo ese día, y Sakura-chan parece ser el tipo de persona que le gusta el dulce. Pensé que era un detalle bonito para con ella, no sé. Y se veía tan feliz que seguí comprando caramelos para lanzárselos.
-Bueno, admito que es muy dulce...
-Pues sí, son dulces. Me gustan más los dulzones que los ácidos.
-No, que digo que es muy dulce de tu parte.
-Oh. Gracias, To-ya.
-Pero creo que -Touya interrumpió su sonrisa- eso en parte pudo ser dañino para ella.
-¿Lo dices por las caries?
-No, no lo digo por las caries.
Yukito bajó la cabeza. Sí, por supuesto que entendía a lo que se refería. La pequeña Sakura siempre se apresuraba a encontrarse con ellos aunque no pudiese comer bien o le faltase el aire por la carrera. Y no era por el caramelo gratis, pero eso contribuía mucho a que la experiencia fuese tan agradable para ella. El caramelo la hacía sentirse especial. Todo eso conllevaba a que sintiese más atracción hacia él, y lo postergaba todo cada vez más.
Y con todo, Yukito seguía llevándole caramelos cada mañana, sin falta. Él también se sentía especial lanzando a la niña esa esfera de alegría hecha de azúcar. Era como si tuviese una hermanita menor. Bueno, técnicamente él tenía un hermano que gustoso aceptaría algo que picar, pero él no lo sabía en ese entonces. "Al demonio con Cerberus", le dijo Yue. "Ya está muy gordo de por sí".
El punto es, concluyó Yukito, que regalar caramelos y obtener una sonrisa a cambio lo hacía feliz. Era una tontería, mas tenía un efecto devastador. Era una costumbre, además.
Touya le dio un codazo. Ya habían llegado a la caja.
***
Una vez acabaron de pagar, ambos se dirigieron a casa de Yukito con sendas bolsas en brazos. Éste aún seguía pensando en lo mismo.
-Me pregunto si no debería de dejar de darle caramelos -le dijo a Touya-. Ya no es una niñita.
-Sí lo es -aseguró Touya con mirada feroz. Yukito lo ignoró.
-Es decir, no es una bebé. Está a punto de terminar primaria. Incluso consiguió a su persona especial. Es de mal gusto; debería ser Li-kun el que le regale cosas, no yo.
-Yuki, no vuelvas a mencionar ese maldito nombre en mi presencia, me haces el favor -dijo Touya con el rostro contorsionado de ira. Yukito rió suavemente de los celos de su amigo.
-Mejor es que haga otra cosa con los caramelos -decidió-. ¿Y si le mando uno al día a Cerberus?
-¿Al peluche? Dios, no. Está muy gordo y se le subirá a la cabeza.
"Estoy de acuerdo con él".
"Son muy crueles, Yue".
-Cómetelos tú y punto -dijo Touya mientras entraban a la casa-. No seas tonto; a ti te gustan, al fin y al cabo.
Yukito no respondió. Dejaron los paquetes de la compra en el mesón de la cocina. Touya observó cómo el chico tomaba una bolsa de caramelos y la abría, pensativo. Consideró que Yukito estaba decidiendo qué hacer con respecto a esa costumbre, y que era mejor dejarlo solo con sus pensamientos. De todos modos, tenían que hacer la tarea de literatura para el día siguiente.
-Bueno, voy a ir al estudio para preparar las cosas, ¿de acuerdo? Te veo allá cuando termines.
Se dio la vuelta. No había dado ni cinco pasos cuando Yukito lo llamó con voz insegura.
-To-ya, espera.
-¿Qué pasa?
Apenas se dio la vuelta, vio que el brazo de Yukito dibujó una pequeña curva en el aire. Touya levantó los brazos y atrapó el pequeño proyectil cubierto de papel rosa con sus manos. Se le quedó mirando por unos segundos, y luego alzó la mirada.
Yukito le sonrió, incómodo.
-Es que ahora me di cuenta que nunca te ofrecí de estos caramelos. Y no sé... No creo que te hagan daño a ti, si es que te gustan... ¿Los quieres?
Las mejillas de Touya se sonrosaron levemente. Siempre era así con Yuki. Para explicar las cosas o recibir información, parecía ser necesario incluir metáforas con comida. Esta vez, iba muy al pie de la letra. No obstante, él comprendía que era su forma de querer decirle todos los días que lo consideraba importante.
Desenvolvió el caramelo y se lo metió en la boca. Superó sus expectativas.
-Están buenos.
Yukito lanzó una carcajada de alivio.
-Me alegro que te gusten. ¿Uno al día está bien?
Touya avanzó hacia él, hasta estar frente a frente. Se inclinó hasta unir sus labios con los de él. Yukito pudo sentir el caramelo a medio comer reposando en la lengua de su amado. Los besos de Touya siempre eran néctar para su alma, pero éste era, literalmente, el más dulce que le había dado hasta entonces.
-Sí, pero no me los tires -le susurró Touya cuando se separaron, su mano acariciando su nuca-. Prefiero recibirlos directamente de tu mano. ¿Entendido?
-Entendido, entendido -respondió Yukito, tocando la frente de él con la suya.
Definitivamente seguiría comprando caramelos.
